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"¿Por Qué Seguimos Teniendo la Misma Pelea?" Entendiendo el Ciclo Detrás del Conflicto en la Relación.

  • Foto del escritor: Carlos “Charlie” Garcia
    Carlos “Charlie” Garcia
  • 24 jul
  • 6 min de lectura

La mayoría de las parejas no están peleando realmente por quien lava los platos, ni por el dinero, ni por quién hace qué, ni por la remodelación de la casa, los cojines o la decoración. Esos son solo los temas que arrancan la discusión. La pregunta real es: ¿me ves? ¿Todavía te importo? ¿Sigo siendo ese alguien que tu quieres?


Eso es, en el fondo, de lo que se trata la mayoría de las peleas. Sentirse visto. Sentirse apoyado. Sentir que tu pareja sigue estando, de verdad, en tu equipo, porque así es como uno siente que lo aman y lo cuidan. El tema en la superficie casi nunca es lo que realmente hay que resolver. Lo que hay que resolver es la pregunta que nadie dice en voz alta, pero que está corriendo por debajo de todo.


Le digo esto a mis clientes tantas veces que se convirtió en un chiste en mi consultorio: nunca es por los platos. Así que creamos un hashtag que digo en sesión. Cuando digo "hashtag," ellos interrumpen el ciclo respondiendo: "nunca es por los platos."


Lo que quiero decir es que la mayoría de las parejas no terminan en terapia porque no se ponen de acuerdo con los platos. Terminan en terapia porque siguen teniendo lo que se siente como la misma pelea, una y otra vez. Uno de los dos saca un tema. El otro se pone a la defensiva, se cierra, o se va. El primero insiste más para sentirse escuchado. El segundo se aleja más para sentirse bien. Nada se resuelve. Los dos terminan agotados. Los dos se van sintiendo un poco más convencidos de que algo anda mal en la relación. A veces hasta te preguntas, ¿para qué sigo intentandolo?


Esto pasa en parejas heterosexuales, parejas gay, parejas lesbianas, trans, jóvenes, parejas mayores, parejas que llevan pocos meses juntas y parejas que llevan décadas. Pasa en todas las culturas, todas las razas, todos los países. Pasa en cualquier tipo de relación.


Pero la mayoría de las veces, no es que la relación esté mal. Es que están atrapados en ese ciclo.


Tu lenguaje de conflicto no está funcionando.

El lenguaje de conflicto NO es lo mismo que el lenguaje del amor. Seguramente has escuchado sobre los cinco lenguajes del amor, cómo cada persona da y recibe amor de manera diferente. Resulta que también peleamos diferente, y una vez que conoces tu propio estilo, y el de tu pareja, las peleas empiezan a tener mucho más sentido, y hasta se pueden evitar, o al menos manejar mejor.


Piénsalo como cinco lenguajes de conflicto distintos. Vamos a verlos, ¿va?


Lenguaje 1: Algunas personas se cierran. Esto suele venir de un apego más evitativo. Se quedan calladas, necesitan espacio, y demasiado ruido o intensidad las desborda por completo. No es que no les importe, es que su sistema se satura rápido, y quedarse en silencio es la única forma que conocen para no decir algo de lo que se van a arrepentir. Suena como, "necesito espacio," o "hablemos de esto después," o "ahora mismo no puedo con esto," o "¿podemos dejar de hablar por cinco minutos?"


Lenguaje 2: Algunas personas persiguen. Esto suele venir de un apego más ansioso. Necesitan resolverlo ya, en este segundo, y no soportan dejar algo sin resolver. Un conflicto sin cerrar se siente como peligro, como si la relación se estuviera escapando mientras nadie lo atiende. Te siguen por toda la casa, insisten, mandan diez mensajes si no contestas rápido, llaman una y otra vez. El silencio se les hace insoportable. Suena como, "¿pero por qué no podemos hablarlo ahora?" o "¿podemos resolver esto ya, por favor?" o “Estamos hablando ahora, no entiendo por qué necesitas tiempo.


Lenguaje 3: Algunas personas explotan. Este es un estilo más reactivo. El volumen sube rápido, y se dicen cosas que en realidad no se sienten así. Tiene menos que ver con la otra persona y más con un sistema nervioso que ya llegó a su límite, buscando la salida más rápida posible. Se desregulan muy rápido, y gritar o enojarse es, para ellos, la forma más fácil de manejar las cosas. Necesitan liberar esa intensidad antes de poder pensar con claridad otra vez. Suena como, "siempre haces lo mismo," o "nada nunca es suficiente para ti." Este lenguaje casi siempre viene acompañado de muchas disculpas después.


Lenguaje 4: Algunas personas negocian. Quieren resolverlo con lógica, con un plan, tienen una tabla, una explicación casi científica, paso por paso, son muy orientados a la solución, porque tener un plan se siente como estar en control, y el control se siente más seguro que quedarse sentado en un sentimiento sin resolver. A veces se van directo a arreglar el problema antes de realmente escuchar cómo se siente el otro, validarlo, o siquiera entender qué está pasando realmente. Suena como, "ok, dejemos de hablar entonces, ¿cuál es el plan para arreglar esto?" Este lenguaje de conflicto casi siempre va emparejado con el lenguaje número dos.


Lenguaje 5: Algunas personas se congelan. Se quedan completamente en blanco, no saben qué decir, y desde afuera puede parecer que no les importa. Están atrapadas en su cabeza, pero se ven desinteresadas y desconectadas. Por dentro, están completamente abrumadas, tan abrumadas que las palabras simplemente dejan de estar disponibles. Suena como, "No sé qué decir ahora mismo. No sé cómo manejar esto."


La mayoría de las parejas no están peleando realmente por el tema aparente de la discusión. Están peleando porque sus lenguajes de conflicto están chocando entre sí.


La combinación más común, y honestamente la más dolorosa, es el que persigue (lenguaje 2) con el que se cierra (lenguaje 1). Uno corre hacia el conflicto. El otro corre lejos de él. Y así, una y otra vez. Es una historia que nunca termina. A veces pausa, pero siempre vuelve a empezar.


Ninguno de estos estilos está mal. Cada uno es un patrón que alguien aprendió, casi siempre mucho antes de esta relación, como una manera de mantenerse a salvo.

Una de las cosas que más me gusta de la terapia de pareja es ese momento en que la conversación deja de tratarse de quién tenía la razón. En cambio, ambos empiezan a reconocer la dinámica en la que han estado atrapados por meses, a veces por años. Casi siempre es la primera vez que se dan cuenta de que nunca estuvieron peleando el uno contra el otro. Los dos estaban reaccionando al mismo ciclo, cada uno a su manera.


"Cuando estamos bien, estamos BIEN. Pero cuando peleamos…"


Seamos honestos: las parejas pelean, y el problema nunca fue que las parejas peleen. El problema es pelear sin darse cuenta de que están hablando dos lenguajes completamente distintos, lo cual no ayuda a arreglar nada, solo hace que cada uno se sienta más herido que antes.


Toda relación necesita trabajo.

Por lo general, lo que arregla estas peleas en bucle es identificar tu lenguaje, y también el de tu pareja.


Si eres el que persigue, eso podría significar decir "necesito saber que estamos bien, pero puedo darte un minuto" en lugar de seguir a tu pareja por toda la casa. Si eres el que se cierra, podría significar decir "necesito diez minutos, pero no estoy dejando esta conversación, voy a regresar" en lugar de simplemente quedarte en silencio esperando que se pase. Cambios pequeños como estos no arreglan todo en una sola conversación. Pero interrumpen el ciclo lo suficiente para que pase algo distinto, en vez de lo mismo de siempre. Puedes elegir cambiar el patron y entrenarte para que sea diferente.


Todas estas estrategias tienen sus propias reglas y necesidades, y normalmente trabajamos esto en terapia, conmigo facilitando el diálogo. Las parejas que he visto solucionar esto no dejaron de discutir, no dejaron de pelear. De nuevo, las parejas pelean y ese no es el problema. La pelea puede dejar de significar "estamos rotos" y empezar a significar "somos dos personas que todavía se importan lo suficiente como para seguir trabajando esto." Entonces, ¿qué tal si mejor arreglamos los patrones de conflict en tu relación?


Porque probablemente no estás peleando por lo que crees que estás peleando. Estás peleando porque hablan dos lenguajes de conflicto distintos, y nadie les enseñó nunca a entenderlos.


Ese cambio no pasa por accidente. Pasa en el momento en que alguien finalmente nombra el patrón en voz alta, en un espacio donde ambos realmente pueden escucharlo.


Referencias

Christensen, A., & Heavey, C. L. (1990). Gender and social structure in the demand/withdraw pattern of marital conflict. Journal of Personality and Social Psychology.

Johnson, S. M. (2019). Attachment Theory in Practice: Emotionally Focused Therapy (EFT) with Individuals, Couples, and Families. Guilford Press.

Gottman, J. M., & Silver, N. (2015). The Seven Principles for Making Marriage Work (Revised Edition). Harmony Books.

 
 
 

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